LA INSPIRACION VERBAL DE LA BIBLIA

LA INSPIRACION VERBAL DE LA BIBLIA

El movimiento Pentecostal insiste en que la base para la inspiración verbal de la Biblia se encuentra en la naturaleza misma de Dios. Comunicar es parte de su naturaleza. Él tomó la iniciativa de compartir sobre sí mismo con otros, enviando a su Hijo al mundo y proveyendo el don del Espíritu Santo sus hijos. El deseo de Dios de comunicarse o de revelarse a sí mismo, encuentra su expresión en la documentación escrita de su Palabra. Así como la Encarnación de Jesús y el don del Espíritu Santo revelan a Dios a la humanidad, de la misma manera, el texto bíblico revela Palabra de Dios. El arguento acá es que la Biblia no debe ser vista como un testigo secundario de Dios, sino como la mente y la voz misma de Dios, hablando a través de las edades, utilizando el texto de sus libros (Arrington, 2002, 101-07). La Escritura es el testigo primario de Dios porque contiene el registro escrito de su discurso documentado el texto bíblico, el cual es inspirado por el Espíritu Santo. Además, como testimonio primario, la Escritura es testigo salvífico y un agente santificador. 

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Esta posición en referencia a la Biblia se apoya sobre el hecho de que un encuentro con la Escritura es en realidad un encuentro con el Dios viviente. La dificultad que experimentaron los primeros pentecostales fue entender el papel de los autores humanos en el proceso de la inspiración. Estos reconocían que los escritores bíblicos disfrutaban de una experiencia particular con el Espíritu Santo y que el resultado de esa experiencia era lo que hoy tenemos como el texto bíblico. La dificultad se daba al tratar de comprender la combinación entre la actividad humana y la divina en la producción del texto bíblico (Yong, 2002, 49-59). Este era un problema que acarreaba similares dificultades en la discusión de las naturalezas divina y humana que ocurre en la Encarnación de Cristo. A estos les era muy difícil explicar cómo se combinaban y cooperaban la voluntad humana y la divina en la inspiración de la Escritura. 

Como respuesta a este problema, algunos pentecostales primitivos asumieron que los escritores bíblicos fueron instrumentos pasivos en las manos de Dios. Que estos eran solamente canales a través de los cuales la Palabra de Dios era expresada. Como resultado, estos entendieron a la inspiración como si se tratara de un dictado (Dempster, 1993, 129-35). Eventualmente esta posición fue corregida por los teólogos pentecostales que surgieron al final del siglo XX. Es probable que la idea del ‘dictado’ de parte de aquellos pentecostales primitivos se debió al hecho de que su método de interpretación no incluía o no le daba importancia al contexto histórico en el que el texto se produjo. Aparentemente no tomaban en cuenta la actividad humana en el proceso de la revelación de Dios. Al parecer, los enunciados bíblicos fueron entendidos como valores o principios generales, pero sin apreciar el contexto histórico en que se daban. Por supuesto, ese punto de vista sobre la inspiración fue corregido satisfactoriamente y ampliamente explicado a través de los años. Así que el crítico bíblico que se basa en estas posiciones históricas ya superadas por el pentecostalismo para denigrar a la enseñanza de la inspiración verbal de la Biblia ha fallado al no estudiar la formulación escritural y teológica de esa enseñanza correctamente. 

Contrario a esa posición, el pentecostalismo clásico enseña que en la formación del texto bíblico hay una cooperación total entre la naturaleza divina y la humana durante el proceso de registro de la Escritura. Como resultado, la Biblia es igualmente la Palabra de Dios y la palabra del hombre. Para ser más preciso, la Biblia es totalmente divina y totalmente humana, así como Jesucristo, desde el momento de la Encarnación, es totalmente divino y totalmente humano (Arrington, 102). Además, si en Cristo ambas naturalezas son indivisibles, de igual manera, en la Escritura, ambas naturalezas son igualmente indivisibles. 

Ahora bien, la dinámica de esa cooperación entre ambas naturalezas sigue siendo un profundo ministerio. Con respecto a este misterio, George Florovsky escribió: 

Las Escrituras son inspiradas y, por ello, son la Palabra de Dios. En cuanto, a la inspiración, es muy dificultoso definirla apropiadamente. Una definición de la inspiración es muy difícil proveerla pues hay un elemento de misterio contenido en ella. Es el misterio del encuentro entre lo divino y lo humano. Por lo tanto, es muy difícil entender cómo es que esos hombres recibieron la Palabra de Dios y cómo es que la pudieron articular en sus propias palabras y en su propio idioma. Con todo ello, esa transmisión humana también era la Palabra de Dios.

(Florovsky, 1972, 77)

La proclamación de la Biblia como un documento humano, de ninguna manera minimiza la realidad de su inspiración divina. ‘Toda’ Escritura es inspirada por Dios y ‘toda’ Escritura fue escrita por hombres. La Biblia es enteramente la Palabra de Dios, y al mismo tiempo, contiene enteramente palabras de hombres. Estos dos elementos no pueden ser separados ya que ambos son parte de la totalidad de la Escritura; tratar de separarlos sólo serviría para destruir el propósito mismo de la Biblia (Arrington, 104). En virtud de lo anterior, el elemento divino en la Palabra tampoco puede ser separado del humano, porque Dios ha decidido irrumpir, de esa manera, en la historia humana. La historia humana se convierte entonces en el vehículo que Dios ha escogido para revelarse a sí mismo; por lo que sería incorrecto tratar de descubrir la Palabra de Dios en las Escrituras separándolas del elemento humano presente en ellas. 

La enseñanza de la inspiración verbal de la Biblia ha sido atacada por teólogos que desconocen el proceso de formación de esta doctrina. Al parecer algunos se basan en la crítica del texto, la cual, vista desde una perspectiva pentecostal más bien confirma a la enseñanza misma porque esta reconoce la participación humana en su contexto para documentar la Escritura Sagrada, donde participan ambos Dios y el autor humano. Está claro que Dios no dictó el texto bíblico a personas que actuaron como robots documentando lo que Dios les dictaba. Todo lo contrario, lo maravilloso de la Escritura es la unidad completa entre las naturaleza divina con la humana para registrar el texto que contiene la Palabra de Dios en palabras humanas.

Los escritores bíblicos fueron individuos normales, sujetos a las mismas limitaciones de todas las personas. A estos Dios utilizó para documentar la revelación divina por medio de la documentación del texto escrito. Si el texto fue escrito en piedra o en papiro, eso no es lo más importante. Lo que hace valioso al texto es su permanencia y continuidad a través de la generaciones, con la misma inspiración desde el principio hasta hoy. Y lo más maravilloso es que esa Escritura ha sido preservada a través de las edades y hoy continúa revelando a Dios y su amor por la humanidad en todos los idiomas donde la Biblia ha sido traducida. He ahí la intervención divina y la actividad humana en la producción del texto sagrado. He ahí la inspiración verbal de la Escritura.

3 comentarios

Dayrelis Publicado el4:43 am - julio 22, 2020

Amén
La palabra es inspirada por Dios, al igual nada cambiará lo que está en ella.Efectivamente se relatan muchos escritores, hombres de Dios a los cuales el mismo preparó y este libro fuese escrito sin perder ni un punto y coma..

    Dr. Miguel Álvarez Publicado el4:36 am - julio 31, 2020

    Esa es la verdad que hace a la Palabra la expresión viva de Dios a través hombres fieles.

Darwin Palma Publicado el1:45 am - agosto 2, 2020

Que bendición saber que existen ángeles

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